Lo intento.
Y voy a nadar con Sargento de Hierro, que me empuja a ello sin piedad y con muy buena intención,
quedo con Comadres, que me dan calorcito,
busco refugio en gente cercana, de veras, y me llegan vuestros ánimos cibernéticos, también, y lo agradezco.
Y lo intento. Con uñas y dientes. Sacando fuerzas de donde no las hay. Porque ahora no las tengo.
Las que tenía ya las gasté.
Las empleé en ser valiente durante todos estos procesos, los tres, aguantando cañonazos hormonales, esperas, incertidumbres y zozobra. También hubo, claro, enormes dosis de esperanza, de risa, alegría y de amor, ¿por qué no decirlo?
Pero me siento agotada. Exhausta.
Quizá por eso, o puede que no, la tristeza hoy, en este momento, me puede.