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lunes, 20 de septiembre de 2010

Tercer intento o el Plan B



No recuerdo si os conté que pasabamos al plan B: la in vitro. Mi gine me dijo que era una pérdida de tiempo seguir insistiendo por la vía de las inseminaciones. Y estoy de acuerdo: tiempo no me sobra, que como me descuide un poco me dan los cuarenta. Que debe ser una edad maravillosa, no lo dudo un segundo, pero para estos menesteres cuanto antes mejor.




Así pues, con la vuelta de las vacaciones también la nevera está rebosante de medicamentos. Más rebosante, sin duda, que las otras veces. Dónde va a parar. La diferencia es abismal.




Empiezo a medicarme este domingo 26, que tengo cita con Gran Pepe, y ando un poco plofff. Aunque sé que no es el espíritu, y seguro en unos días me vendré arriba.


No sé, será normal, pero lo cierto es que estoy acojonaílla.



Por un lado me asusta el pastilleo radical, me parece que voy a pegar un reventón de tanta hormona, y a la vez me siento un poco mal por tener miedo, como si fuera una especie de traición a mi futuro chiquillo. Para rematar no quiero trasmitir todo esto a mi entorno más cercano, que son los únicos que saben que empiezo de nuevo a intentarlo (apenas Padre, Madre y tres Amigas Intimas, ni siquiera Hermano lo sabe) porque no quiero preocuparles ni que crean que me he arrepentido de mi decisión de ser madre, o que lo tengo menos claro, ni nada por el estilo. Encima me siento mal porque he decidido mentir, mentir como una cochina a la mayoría de la gente. Pero este tema de la mentira merece post aparte, ya os contaré.



No sé. Tal vez sea que el otoño llega imparable e imaginé hace tiempo que lo viviría de otro modo y en otro estado (con barriga, vaya).... en fin, perdonad el vómito, chicas, pero ando pelín oscura. Como ésta, una de las últimas fotos que hice del mar, hace apenas cuatro días.....

Back home


He vuelto, ¡qué remedio!, al trabajo. Me apetecía mi casita de nuevo, el espacio, los amigos de aquí, el cine de verano, el cerveceo (una religión por estos lares), las calles de adoquines, la vidilla de esta ciudad sin mar pero con río..... aunque a la vez me ha costado horrores dejar estos paisajes.....


Soy un ser dividido, como dijo aquélla. O quizá será que los de mar no podemos vivir tierra adentro por demasiado tiempo.

martes, 17 de agosto de 2010

Tormenta de verano

Cuando eramos chicos las primeras tormentas de verano, que acogíamos con júbilo, nos traían la novedad de ponernos zapatos y calcetines finitos, tras todo el verano medio descalzos por ahí, medio salvajes.....

Tambien nos traían las idas y venidas siempre misteriosas de la familia a recoger los uniformes a la ciudad, con esas faldas que invariablemente nos estaban largas,
junto a la emoción de forrar los libros nuevos del cole y de reencontrarnos con amigas que veraneaban en otros lugares.

Hoy, que parece que va a volver a llover, pienso en los encuentros producidos a lo largo de este verano, amarguinhas y cervecitas de por medio, y en aquellos otros que quedan por darse, porque estoy viva y porque además en dos semanas vuelvo a estar de vacaciones en la costa.

Mientras, ya que estoy en la ciudad aprovecharé pa acercarme al río, porque me apetece seguir viendo agua, aunque no pueda ser la del mar......